Mi viciovisión.
Tonos distantes
Tonos distantes

Son tus cabellos como lluvias que me cazan al anochecer.
Es un fetiche rojizo. Un recuerdo que ruge.
Tu enamoramiento fatiga mis deseos de volar.
Condena mi cuero de pájaro y encadena mis valijas escapadizas.
Tal vez me claves tu navaja en la memoria, pero aún así decido quedarme.
Las bestias del olvido luchan por librarse de aquel encarcelamiento.
Y esta vez, me dejaré llevar.
Es un gran cliché film noir, o más bien Cris Morena.
Recuerdo la sierpe que acecha entre flor y flor.
Pero me dejo devorar por el espejo, cruzarlo y arribar a vos.
Y nauseabundo, me entrego.
Escribo en grande.
En una hoja A3.
Sacudo las sábanas madrugueras
y me rodean odores confusos.
Me abraza aquella melodía.
Esa que enamora.
Que inspira a escribir.
En estos tiempos como lijas,
mi pluma mendiga adjetivos colectivos.
¿Cuánto he perdido,
de loco a cuerdo,
de lobo a cuervo,
de feroz a penumbra?
La culpa es de aquellos aquelarres
arrugados y bien perfumados.
Pués sus palabras aún me seducen.
Socorran mis gemidos invasores.
Sus vicios se tornan bandadas de cuervos hambrientos.
Son tiempos locos.
Al pasado lo condenaron a perpetua.
El futuro es uno de aquellos cuervos viciosos.
Vuela inalcanzable.
Y el presente se torna guitarra.
Pero sus cuerdas se atrofian,
demandando arpegios tibios.
Y así, mi guitarra se torna cuerda.
Seis brujas cuerdas.
Las locas entre ellas se tornan pájaron de olvido.
Con sus alas negras de incerteza vuelan lejos,
con relojes brillantes en los picos,
mientras maúllan orgásmicos "es tarde, es tarde".
Pero ellos se habían olvidado de aquella diferencia horaria.
Pués yo vivo en el futuro.