Una descarga literaria
Desconociendo la razón, a pesar de estar a punto de quebrar la pata izquierda de la cama, lo cual me resultó prácticamente increíble, ya que casi nunca realmente gozo mientras me la chupan, no pude evitar poner freno a su entusiasmo.
De pronto, mi boca rápida pronunció las ideas irrelevantes que se iban formando en mi mente.
"Por qué la obsesión con el favoritísmo hacia cosas. Número favorito, comida favorita, película, banda, prenda..."
El, en pleno desenfreno, levantó su mirada hacia mí. Yo estaba observando fijo la pila de libros de arte, ordenadamente acomodados sobre el televisor frente a la cama.
Renoir, Cézanne, Pollock, Goya, Pierre et Gilles... Como tres de ellos robados de un estante de libros para pacientes internados en un hospital público. Qué horror.
"¿Qué?" confundido e impaciente, preguntó con su mirada de perro mojado. No me animé a mirarlo a los ojos. Cual eclipse, lo observé, pero no directamente.
"¿Por qué mierda la gente tiene un número favorito? ¿A quién le interesa? Si la gente me pregunta digo siete. Sirve también si hay que elegir un número para algún truco mágico o alguna estupidez de esa índole. Igual qué patético de mi parte que mi número favorito sea siete sólo porque leí por ahí que es el número que simboliza la magia. Dios qué ñoño, ya superé mi obsesión infantil con Harry Potter, pero una obsesión de ese tipo deja marca.."
Claramente, arruiné todo el ambiente sensual. Claramente además, si conozco la razón por la cual cagué el momento. Es simplemente el hecho que me cuesta asumir lo sexual. Me gusta el poder quejarme de no estar satisfecho sexualmente. Asi que cuando estoy siéndolo, encuentro excusas. Evito. La cago...
El, perdido o frustrado, qué se yo, se salió de encima mío. Se acostó a mi lado, aún con sus ojitos de cachorro. Dios, ¿Cómo hice para encontrar alguien mayor que yo, pero que a su vez tiene cuerpo de nene?
¿Por qué siempre tiene que tomar tanto? Después se tarda un año en acabar.
Echó un último vistazo a mi pija, como asumiendo que por hoy ya no habría sexo. Cual despedida.
"¿Tu número favorito es siete? También el mío". Y así de rápido mi vida tornóse esa escena cinematográfica, con los signos, de Un novio para mi mujer. ¿Eso es lo que rescató de mi delirio? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7. Un, deux, trois, quatre, cinque, six, sept. Porque claro, ¿cuántos días pensaba Dios que se necesitaban para crear esta cosa llamada mundo, vida, realidad...? Claramente, de haberse tomado la molestia, invertido un poquito mas de su tiempo, y no unos 7 putos dias, el mundo sería un mejor lugar y mi vida no parecería una publicidad televisiva de una serie de eventos irónicamente insinuantes al suicidio.
Siete pares de zapatillas que ya no me calzan. Seis libros que esperan ser leídos en mi mesa de luz hace meses. Cinco películas bajadas inexitosamente, tras semanas de intentos fallídos. Cuatro nuevos y desagradables granos molestos en mi nuca. Solo tres relaciones amorosas serias a mis 20 años, después de estar con una avergonzosamente innumerable cantidad de chongos. Dos pelotudos que yacen inmoviles y mudos en mi cama, uno de ellos siendo, inevitablemente yo.
Así de patética resulta ser mi línea de pensamiento, cuando en realidad debería estar gozando del momento placentero que se me había presentado. Pero no, odio el placer. El placer te debilita. Conclusión errónea que viene de la mala interpretación de que el dolor te hace más fuerte.
Así que estoy predestinado a una vida de dolor, porque me autodefino merecedor de flagelamiento. Quebradizo, deshonrado, así terminé esta noche. Sin mencionar el hecho de mi carencia de hogar, ya que solo me quedan unos 10 dias de esta casa, y luego he de mudarme. ¿A dónde? Pués, qué excelente pregunta.
Hace mucho que no me deleito con unos pocos momentos de serenidad mental. Hay fines mayores por los que vivir. "La aurora ayer me dio cuna, la noche ataud me dió". "Carpe diem". Pero lo importante, por ahora, es sobrevivir y llegar al mañana, seguir escribiendo para no perder el hábito.
PD El nota que no dejo de rascar mi oído. Yo noto que el lo nota. Pero no paro. Porque siempre me tropiezo con la misma pieda, somos seres de costumbres. Y si, me voy a auto causar nuevamente otra infección de oídos, esta es mi suerte. Pues ya dejé en claro mi pseudo masoquísmo.
