Recuerdo, lo horrible y lo bizarro, por siempre
Recuerdo haber tenido una infancia tranquila. Era feliz.
Recuerdo que siempre veía a la gente llorar en las películas. Amor, guerra... Hollywood. Me preguntaba seguido, cuándo iba yo a sentir algo de tal intensidad. ¿Cuando iba a empezar verdaderamente mi vida? Obviamente, cuando comenzó, estaba demasiado ocupado viviendola, como para percatarme.
A pesar de haber sido lo suficientemente hábil. De haber sido un niño bastante despierto a los hechos, tanto perturbadores como hermosos de la vida (tal vez perturbadores y por ello hermosos, o viceversa), no logro recordar demasiados recuerdos de tales intensidades. Algo importante, que me haya marcado. Solo algunos, muy pocos.
Recuerdo haber ido al cine, a ver El prisionero de Azkaban. Pieza que yace entre mis favoritas hasta el dia de hoy.
Tenía 9 años. Pero ya entonces demostraba cierta capacidad reflexiva y critica respecto a un filme, y hasta hacia su estética.
No obstante, no recuerdo con certeza junto a quien asistí a la proyección.
"Si mi memoria no falla" (la gente dice eso, ¿que gracioso, no?) fui con un compañero de la escuela.
Supongo que era considerado mi amigo, pero recuerdo que tenía cierto misterio que nunca logré descifrar. Siempre mantenía cierta distancia. Era más inteligente que los otros. Entraba en la categoría comercializada por un estilo de vida muy ajeno al mío, "popular" (hasta hoy no se que significa realmente. Especialmente en el mundo de un niño de 9 años).
Recuerdo que siempre paseaba como si cargara algo, pesado. Un secreto, que lo entristecía. Que lo enajenaba de la vida que llevaba, y lo detenía.
Hoy, unos 10 años mas tarde, me lo cruzo por las calles de la ciudad en la que crecí. Mi memoria no falló respecto al misterio.
El peso que cargaba, parecía ahora mas pesado que nunca. Se le notaba la misma tristeza en los ojos, aumentada con el pasar de los años.
Mutuamente, nos alegramos de vernos. Nos contamos que ha sido de nuestras vidas. "Ya tengo fecha para el servicio militar, ya se cuando me enlisto"... me cuenta él. "Yo llegué a Israel hace dos meses, quiero estudiar cine"... Qué gracioso como se puede resumir una buena suma de años en una sola frase.
Nos sentamos a compartir recuerdos. Entre los míos yace una discusión sobre si El señor de los anillos es mejor que Harry Potter, y obviamente, la salida conjunta mencionada previamente.
Para mi asombro, él reacciona duditativo, y termina contandome que nunca fue al cine hasta los 13 años. Lo cual recuerda con certeza porque, según él, fue algo grande, casi un trauma, porque siempre quiso ir. Un recuerdo fuerte, cierto.
Me dice que es imposible que hayamos ido juntos.
Nos despedimos, nos dimos un abrazo, y lo vi caminar hacia el lado contrario al mio.
Permanezco en el lugar, observandolo, sin percatarme del mundo a mi al rededor, y pienso. Tiene sentido, no eramos tan amigos, y la verdad es que yo tampoco fui demasiado al cine de chico. En Israel el precio siempre estuvo por encima de los 35 pesos.
Además, ¿por qué habría él, de semejante "estatus", de acompañarme a mi...?
Aun así, mientras mas pienso en el recuerdo, mas detalles reconozco. Lo cual es curioso.
Un misterio. Al igual que el que se esconde en los ojos de mi amigo. El cual admito, que tanto entonces como ahora, me llama la atención.
En fin, ¿será posible que todo sea producto de mi imaginación? No tengo muchos recuerdos. Qué raro saber que algunos de estos ni siquiera verdaderamente ocurrieron.
¿Habrá sido un sueño? ¿Cuántos otros recuerdos de mi vida en realidad nunca pasaron?
Todo esto implicó dos cosas para mi.
En primer lugar, ya desde chico, mantenía cierta atracción hacia, tanto en chicos como en chicas, características en común. Ese halo de misterio, su estado de ajeno. Yo también lo sentía. Vivía en un mundo que no entendía, y anhelaba encontrarme con alguien igual a mi, más reflexivo, critico, que me hiciera compañía.
En segundo lugar, hace que me pregunte ¿Por qué el cerebro humano, reliquia de toda la humanidad, el órgano más increíble y complejo, que aún en nuestros días, yace sin descifrar en su totalidad; no puede diferenciar sueño y vigilia?
¿Por qué nos vemos obligados a sumergirnos en una busqueda de respuestas; qué soñé y qué pasó de verdad?
Nos hundimos en nuestra desgracia: la duda. "Si la memoria no me falla". Pues si, falla.
Todo este asunto me resulta importante porque de cierto modo implica que ya como niño tuve una.. ¿fantasía? respecto a otro chico. Obviamente nada sexual, sino lo imaginable para un niño. Pero en algún lado todo tenía que empezar, ¿no?
Con los ojos de hoy, ya no de un niño, miro de nuevo dentro de los suyos. Tiene sentido. Tanta buena onda, tanta alegría al verme. Ese secreto, lo que lo mantenía al margen de una infancia tranquila. Tal vez también es gay.
Lo miro alejarse. Su figura desaparece en la sombra.
Lo horrible y lo bizarro por siempre
El dia culmina en la verdadera comprehension de que siempre fui diferente. Tal vez siempre voy a tener que sufrir un poco más por ello.
Ahora escribo, intento crear. Aunque para mi hacer arte trasciende la creación. Es la destrucción propia.
En el teatro no se crean personajes, se destruye el actor. Y en la poesía, al igual, se comprometen valores del escritor.
Debe haber cierto riesgo. Pues no hay belleza mas pura que la destrucción de los cimientos. Tratar temas tabu de la vida personal de uno. Inspirar a construir a partir de las ruinas de mi persona.
Ahora escribo. Lloro porque estoy lejos de mi vida. No me puedo quejar de nada. Yo lo causé, yo me alejé. Pero nadie dijo que iba a ser fácil.
Una lágrima cae en mi taza de café mientras leo que recién ahora, en realidad dos meses después del final, realmente termina todo.
"Superar", que palabra más fuerte. ¿Qué significa realmente superar a alguien? Yo creo que si alguien fue lo suficientemente importante para mi como para considerar que ha de ser superado, en ese caso jamás podré hacerlo. Alguien de tanta presencia en mis recuerdos, en lo intenso.
No me veo habilitado. No creo ser capaz de "superar" a alguien.
Cargo con mis recuerdos, de una vida que ya no es mía, pero a la cual estoy atado. Los nudos son muy fuertes, la memoria no me deja aflojarlos.
Es pesado. Es dificil pasearse con unas 50 personas sobre los hombros.
Ahora escribo, destruyo. Me descompongo en pedacitos.
Lloro, admito que es el final. Se apodera de mi una sensación intensa, demasiado. Es dicha, tristeza, nostalgia, posibilidad.
No quiero leer más, y me despido con la excusa de tener que ducharme. Dejo la conversación.
Tengo que calentar el agua. Así que escondiendo mis lágrimas de mis compañeros de cuarto, espero. Miro el techo, acostado en la cama.
Hago tiempo, evitando pensar en él. Cojo el celular, no tengo espacio para nuevos mensajes. Asi que empiezo a buscar mensajes viejos, inútiles, para borrar...
Inevitablemente, y predeciblemente (si hubiese estado alerta) me cruzo con toda una vida. Leo todos los mensajes, dibujando un mapa mental de nuestros recuerdos, de la vida que nos habíamos construido.
"Me gustó mucho estar con vos anoche", que rapidamente se transformó en "Me gustas mucho". Luego, "Te quiero", hasta llegar al famoso "te amo".
Me siento bien, logro ver la imágen general. Yo quise esto. Las lágrimas siguen cayendo, pero ahora realmente sollozo, pero no de tristeza, sino de intensidad de vida. Entro en la ducha minutos después de haberme leído todo el buzón de mensajes. Como en cámara lenta, actúo en automático.
Las lágrimas se pierden entre las gotas que caen de la ducha. Me ahogo. Me da un ataque de claustrofobia y siento que se inunda la habitación.
Pero recuerdo. Estoy simplemente feliz por estar vivo. Porque estaba experimentando algo que siempre quise, algo que muchos jamás vivirán.
Algo puro, intenso.
Repleto de dicha, aunque normalmente me da paja, me hago una paja (Ahi va la destrucción de la persona). Me había pasado que al acabar una lágrima resbalara por mi cara. Pero era algo físico, no emocional.
Esta vez, estaba repleto de placer y tristeza. De haber estado solo hubiese gritado. Así me sentía, con ganas de gritar. Mi mente vagaba libremente por recuerdos variados.
Cuando visitaba recuerdos sexuales, pasados, me abrazaba de nuevo esa sensación de dicha, por estar vivo. Por sufrir.
Lloraba y gozaba. La sensación ambivalente de dolor-placer mas pura que he experimentado.
Ahora escribo, vivo. Recuerdo a aquellas personas que logré encontrar mas adelante, varios años después de mi infancia (mejor tarde que nunca).
Aquellas personas con quienes comparto mis secretos mas degenerados. Porque solo cuando uno es patetico, poco "popular", en estos estados decadentes...
Entonces es cuando una persona vive realmente. Cuando no pretende, simplemente es.
Si alguien se apega a vos en esos momentos, en ese estado. Eso es el amor, esa es la vida que hay que vivir.
En mi caso una pasión ilógica por lo horrible y lo bizarro que tantos problemas de incomprensión me ha causado.
Para mi, simplemente el arte... de vivir supongo.
Propongo un pacto. Comprometerse a vivir intensamente. A lo horrible y lo bizarro, por siempre.






