Arrinconada
Mi bisabuela, en mejores estados que mi abuela, solía decirme que, al igual que una telaraña, tejida con el sudor de una vieja viuda negra cuyo esposo asesinó con sus repetitivas lecciones de vida, existen los mundos, narrados a partir de diferentes visiones.
Mediante mis ojos veo uno. Veo un mundo. Resulto ver tanto que enceguezco.
Es internacional. Pues esas ganas de viajar, de saludar a todo el mundo, me deja vacío. Visitar a una tía, que no se encontrará bien, como cuando la abandoné por ultima vez. Tengo miedo y vergüenza.
La araña, cuya vida es contemplada en su telaraña, resulta insignificante. Ella, arrinconada ante los caprichos humanos, se desvanece, se transforma en nada. Arrinconada.
A pesar de que tu cadáver esté rodeado de moscas, no es morbo que te siga amando.
La araña, como yo -decía mi bisabuela- jamás se hubiese cansado de reiterar ese sistema de ideas que enfermaba a su amado. Mi dolor de dientes, la falta monetaria, las faltas ortográficas, son como moscas. Confeccionales una virginidad a estas moscas, hasta que tu sombra esté fuera de riesgo contagioso. Hasta que ellas se transformen en hadas. Arrinconadas.
Escucha mis consejos -me decía- porque si no virginizas tus moscas, al igual que la araña, quedarás solo, arrinconado en la esquina de un baño, rogando por tu vida repleta de sinsentidos.
Se tornarán nebulosas y prostitutas hacedoras del mal y la mimesis. Hambrientas, cual araña sin moscas.
Pues la imitación ha penetrado en todos los ámbitos de tu vida, cual habitación repleta de moscas que juegan en parejas. Tú sin obtener sueño por el molesto ruido que emiten, no lograrás soñar.
En la memoria -decía, antes de fallecer honradamente- y no en el olvido, residen las certezas.
