El joven que no lograba recordar lo que soñó de niño
Al percatarse de que es imposible, se despierta.
Como aquellas veces en "El origen", donde las estructuras del sueño no debían variar demasiado de la realidad, para que el huésped no se percatara y despertase.
Sólo que no me estoy despertando.
En una galería de arte deambula una pareja. Es una tarde gris y lluviosa. El viento grita en el exterior. "Mentiras", piensa él. "Está gritando mentiras".
Sueño un sueño imposible, de gente con caras pixeladas. Sonrisas sin dueño.
Son personajes de mi infancia, que mi memoria no logró registrar del todo bien.
Hoy los veo, y me resultan familiares, como del eco de un sueño. Me llaman la atención, pues ¿quién no desearía hablar con quienes ha soñado tantas veces?
Me acerco, les hablo. Tal vez mi apellido les recuerda a mi papá. Pero nada demasiado interesante.
Nada, vacío.
Pasan de una habitación de la galería a otra, por un pasillo oscuro, en el que parecen derretirse las flores de los óleos colgados simétricamente en las paredes. Se derriten junto a la lluvia.
La melancolía emana por mis ojos en forma de gotas al percatarme de que no tienen porque acordarse de mi. Ni que un nene haya sido muy trascendente en sus vidas. Me vieron alguna vez y se olvidaron, suena lógico.
Pero yo también olvido. Ocurrió.
Esa negación rotunda, rechazo absoluto, a aquella imágen de un adulto ignorando la opinión de un niño, por el hecho de ser niño.
Ahora siento que me desprotegí durante demasiado tiempo.
Ahora siento la corrupción.
Caminan silenciosos. Pasan por puertas, cerradas con candado. "Secretos", piensa ella. "Guardados con candado". Afuera, mientras tanto, mentiras en el bosque. Gotas caen pesadas. Los labios de ella, de pronto se sienten secos. Se rompen, pues la lluvia le da sed. Las gotas la provocan y despiertan su deseo.
Uno cree ser de cierto modo. Hay ciertas cosas que uno simplemente sabe que hace, y cosas que no.
Al percatarse uno de que hace cosas que creía no hacer, surge una encrucijada.
Entonces es cuando aparece la opción de cambiar. Pues el hombre es como un río. Cambia, constantemente. No se puede juzgar a un hombre. Porque lo que fue, ya no es.
Y pensar en aquella inocencia de un niño. Simplemente confía, porque nunca ha sido defraudado. Lamentablemente, la corriente de aquel río sabrá enseñarle a cambiar.
Al final del pasillo, más pinturas, esculturas de figuras femeninas voluptuosas, óleos florales. La habitación le recuerda a él el sabor a cerezas que sentía al realizarle sexo oral a esta mujer a su lado. A ella. Tan bella, tan simple, tan frágil, tan puta.
Ahora, ya que no parece que me despertaré pronto, cierro los ojos.
Veo rojo anaranjado, al mirar al sol, con los ojos cerrados.
Pienso, en lo que hace que uno sea como es. Nombro aquellas cosas, suponiendo que estamos en esos tiempos en los que aun no tenían nombres. Aquel tiempo, en ese lugar.
El lugar donde nadie nunca sonríe.
"Tu sombra no muere.
Ten piedad de mis amores erectos, se tornaron marionetas de tu sonrisa prostituta. Pues tu sombra no muere, desaparece junto a la luz. Tu figura permanece intacta. Tu sombra no muere porque tu sonrisa, se entrega por ella.
Y qué siniestro delirio, amar a una sombra..."
Pero ¿a mi que me importa si estoy tan solo que en la cocina les canto a los cubiertos; en el parque les hablo a los árboles? La desesperación, al caminar por la calle, por cruzarme con un perro, que se que me amará sin importar mi nombre...
Los silencios y los lobos esteparios. Ambos son necesarios en sus contextos.
Un silencio de blancas, que ocupa un lugar físico en la partitura, permanece siendo una sombra, un no existir. Los sacrificios, los espacios en blanco de un ritmo musical.
Y los lobos esteparios, aquellos inadaptados sociales que no encuentran su lugar. Son mandados a los manicomios tanto como los locos. La sociedad no se gasta en diferenciarlos. También son necesarios para mantener el ritmo de nuestra sociedad. Son los sacrificios silenciosos del siglo XXI.
A pesar de permanecer cerca, pareciera que uno de los dos se hubiese quedado en la habitación previa, y que ahora los separara aquel pasillo oscuro, de lluvia pesada y sueños inocentes.
Sin importar quién de ellos avanzó, y quién se quedó atrás. Ya da igual.
Ella no tenía la culpa de amarlo, pero de no ser satisfecha sexualmente por él.
Mientras que él no tenía la culpa de que su amada buscara otros hombres para saciar aquella sed que le solía surgir tan frecuentemente. Menos aún de que fuese tan ridículamente mala ocultándole sus secretos. Sus hombres. El sexo.
"Vas a tener pesadillas", me decían. Pero es mentira, porque ni siquiera logro dormir.
¿Qué es mejor? ¿Ser un nene bueno toda tu vida? O, ¿portarte mal, y luego tornarte bueno? para que la gente se percate, y te premie. La vida pervierte. El río fluye prisionero...
Ahora permanece el viento en el exterior. Gritando mentiras. Como chismes, de árbol en árbol, de rama en rama. Aquellas mentiras en el bosque.
Ahora permanecen las mentiras, el pasillo, el distanciamiento.
"Llaves, flores, lluvia. Melancolía, amor y miseria".
Yo, uno, hombre. Qué triste que la generalización sea necesaria para ciertos ámbitos. Odio la estadística. Alguien que cree en la estadística no puede también creer en los milagros. O al menos eso dicen lo lógico y las estadísticas...
"Y qué pasó? ¿Por qué terminaron?" pregunto ingenuo Tom, el nuevo pretendiente. A lo que ella respondió melancólica pero segura: "Lo que siempre pasa, la vida"...
Admito que a veces también empujo esta creencia hacia el extremo.
-Veamos una peli.
-Dale, genial. ¿Que tenés?
-Veamos el transportador 4.
-NO. Digo... Una comedia, ¿no podría ser?
-2 canguros muy maduros.
-Fueron los 20 pesos peor gastados de toda mi vida. ¿Una película más tarada no tenías?
-Bue, ¿misión imposible?
-LA PUTA MADRE, ¿no tenés algo que sea cine de verdad? Esas son películas para pelotudos.
(Reconozcan quién de los 2 participes de la conversión soy yo).
A veces me voy a la mierda, es verdad. Pero no me pueden culpar de querer ver algo un poquito, solo un poquito, mas trascendente que esa bosta de producción masiva, común y erróneamente denominada cine.
Además, no me pueden juzgar porque somos río (no manipulaba las cosas en su beneficio, para nada).
En fin, les habla ahora el hipócrita, vestido de flogger, quien olvidó lo que una vez juró no perder jamás.
La puta madre que me parió a mi y al puto desencadenamiento de mi vida desde que cumplí los 18.
Sólo queda intentar llenar el vacío existencial. El "mientras tanto"... El "cómo vivir, hasta aprender a vivir". Me dedico a buscar llaves. Llaves, que resultan mas pequeñas que las cosas que abren. Un simple "hola" a un desconocido, que se que me abrirá camino a lugares distintos.
Busco "holas", aquella intimidad que se logra al bailar un lento con un desconocido por ejemplo. Estando tan cerca, a lo largo de la canción, podes hablar de lo que sea.
Busco aventuras promiscuas sin sentido, duermo en camas ajenas por diversión momentánea.
Pero ¿qué ocurre después, al concluir la canción?
A very strange and extraordinary person...
La niña de seda
En el silencio del aullido
nace una mirada inocente
y el destino ambivalente
en epifanías sin oídos
Una victima que no tiembla
con labios cosidos
Su madre es olvido
pues su recuerdo es niebla
Ese instante silencioso
logró quedarse sin tiempo
Ahora permanece el viento
que nos danza malicioso
Juego de sol, sombra y luna
Es el destino suspirando
Y en tus ojos despertando
metamorfosis de flor a cuna
Brillad estrella adormecida
Que acurrucada en la arboleda
yace ya muerta la niña de seda
susurrando su despedida
Relato mi sueño en verso. Simplemente imágenes en la noche.
Chica con piel de porcelana, virginal, corre por un bosque mudo.
Cree que la persigue un violador.
Teme, piensa en lo que le puede llegar a pasar. Pero no deja de correr.
Corriendo, ve una luz al final del camino. Detrás de aquél árbol...
Nunca hubo persecución, el violador la alcanzó hace tiempo ya. Hizo lo suyo y tiró los restos en el descampado mas cercano.
Pues ¿qué chance tenía la pobre contra una malicia tan vieja como el hombre?
Otra injusticia que nadie oirá, con otra victima que nadie extrañará...
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