Una queja enana que crece,
alimentandose del Danonino de mi felicidad.
La elimino, descarto, me olvido, y reaparece,
escapismo frenético ¿divertido? No, sólo quiero integridad

El lejano recuerdo se aproxima, y con él caminan dos ancianas,
el Bien y el Mal, blanco y negro, Dios y diablo, bla bla bla..
¿Lanzarme hacia la tormenta de mi memoria, u observar experimentado,
contorneando una realidad ajena a la mia con las palabras de un puto?
Están lejos los sueños, ¿Pero inalcanzables?
Los ideales, residencia de mi yo, de mis sueños, mi todo.
Una lucha eterna. Cambian mis sueños, se tornan estrellas, despacio.
Es un desierto-urbe, mi mente rencorosa, que recuerda-olvida, aleatoria.
Mis sueños, donde permanecen algunos recuerdos infantiles subconscientemente,
se tornaron estrellas, formaron nebulosas, agrupaciones, de las que quedé excluido
Una vieja recomienda seguir los sueños, y la otra dice que perseguir estrellas, incesablemente,
no es como seguir un sueño. Efectivamente, no lo es, pero ya es tarde, ya he partido.

Lo reconsidero, lo repienso, revuelvo, resaca, remedios...
A partir del engatusamiento de mis propios melodramas infantiles,
me callo, y en el silencio de mi memoria, deduzco hazañas
reproducidas con software engañosos. Troyanos, que penetran mi muralla de soledad.