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El ruido de sus zapatos

La arena caía por el reloj, retumbando y haciendo ruido. Manchando mi existencia.
Pero sólo oía a sus zapatos en el silencio de la noche.


Me encuentro dejando huellas en la arena de la playa, y observándolas.
Tienen la forma de palabras consumidas. En esas huellas resulto transparente, aun así me reflejo en los espejos del océano.


Me reflejo en un espejo ornamentado a su alrededor con caracoles.
En éste estoy seco, pero mi ropa está mojada en la realidad.
Esa ropa me abriga, pero mi alma aun pasa frío.


Escucho las olas romperse contra mi. Las siento, pero no siento dolor.
Es que no es mi cuerpo, ya no me pertenece.
Me encuentro vacío, pero es lo más cercano a una existencia.

Existo, porque veo mis huellas en la arena, pues ¿quién soy sin recuerdos?
No se pueden reparar las manchas del reloj.

Se avecina una inmensa ola, ineludible.
Me tropiezo, y caigo. Me ahogo. Nadando termino dentro de sus zapatos.

Me observo en el espejo a la luz del sol.
Sombras se erguyen para que las enfrente.
Me desnudo, buscándome. Me quito la ropa mojada, pegada a mi cuerpo por culpa de la ola.
Pero esa ropa siempre estuvo mojada al fin y al cabo, y no me queda otra salida excepto seguir buscando el silencio en el ruido.


Caminando por euforias ajenas, concluyo olvidando mi identidad.

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Escondiendo Manchas


Yace intacto entre las manchas del tiempo un reino antiguo.
Se encuentra roto, por el hecho de ser un sueño, una ficción.

Irreparable, por la corrupción absoluta del tiempo ambiguo.

Está sucio, manchado. Es polvo. Nada queda. Solo desolación.


La ciudad, al rededor del castillo, se encuentra vacía.
A excepción del esqueleto del rey, colgado. Bus
cando volar.
Balanceándose por medio de una soga atada a su cuello.
Una soga que el tiempo no pudo quebrar.



Por el sacrificio que hizo de su vida.
El rey, al estar solo, en una ciudad vacía,

se centró en el dolor.
Se tiró para ver si así sentía.


Ella permanece intacta, pero hecha polvo.
Arena, aun apilada en su figura original.

No existe el ruido si yo no estoy y lo oigo.

La ciudad está, pero permanece virginal.


El rey había buscado el silencio en el ruido,
pero el castillo estaba mudo, y él estaba sordo.

Fue debido a un pequeño error, a un descuido,

que la ciudad se vació, y la nada se tornó todo.