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¿Nube?


Vivo en las nubes, en las alturas.


Adoro mi nube...
Sin co
mpromisos. Todo es justo. El principio es el final y el final el principio. La eternidad es un segundo y un segundo es lo que quiere ser. En mi nube lo que cuenta no es la acción ni su repercusión sino la intención. Jamas tendría que estar solo nuevamente, el murmullo del mar me habla al oído, el viento es una sorpresa esperada mientras que el sol me acompaña todos los días. Al caer la noche, me abandona y estoy solo. Solamente la leve luz lunar ilumina mi cara. Esa penumbra tan temida. Esa noche tan malgastada, tan desperdiciada. Yo la uso de manta para cubrir mi flotante cuerpo en el horrible frió.

Caras conocidas aparecen a mi alrededor. Mi familia, mis amigos y ella.
Ella, con sus hermosos y gigantescos ojos verdes, siempre tan bella como una majestuosa montaña, como un valiente león, como un gigantesco cóndor. Se acerca a mi, esta a punto de hablarme pero de pronto, esa majestuosa montaña se derrumba, a ese león le da un ataque de cobardía, ese cóndor se transforma en un negro cuervo, mi nube, mi tan querida nube, se esfuma, el sol deja de brillar, las aguas del mar son absorbidas al vació, el viento simplemente deja de existir.
Aquella seguridad desaparece.

Su rostro se deforma...
Empiezo a caer.
Miro hacia arriba. Mi nube se estaba transformando en unas mojadas gotas de agua helada. Caigo y caigo hacia el vació.
Aquellas gotas estallan fuertemente sob
re mi cuerpo haciendome despertar.
Estaba acostado en mi cama...




Solo había sido un sueño.

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Esa Estrella


Una noche, observando las estrellas, mi vista se cruzó con una que brillaba tan fuerte como el sol. Mis ojos no podían mirar a otro lado, a pesar de la incomodidad.
Aquella estrella recibió toda mi atención.
Me encariñé con ella. Todas las noches salía a admirarla. Ella siempre tan bella y tan brillante. Soñaba con ella.
Pudieron haber pasado años, pero para mi el tiempo no existía. Solo existía esa estrella.

La penumbra de la noche me cegaba. Solo aquella estrella era mi luz y mi razón.

De pronto, mi vida cambió. Aquella estrella había desaparecido. En su lugar brillaba otra.
El dolor inundó mi corazón. No era un dolor común y corriente, sino extrañamente placentero.
Observ
é esta rareza, nueva para mi.
Se transform
ó en una obsesión. Un vicio prohibido, lujurioso...
Esa estrella me sedujo y yo me dej
é.
Una sensaci
ón de culpa ahogaba mi cabeza. La traición siempre fue terrible ante mi vista. Aun así, no hice nada al respecto. Seguí observandola. Envejecí con ella, pasando los meses y los años. Sentía que algo faltaba, algo hacia falta. Pero ya era tarde.

Repentinamente, me ahorc
ó una mano. Esta, al rededor de mi cuello, se sentía cálida y cómoda. Aquella mano era conocida para mis ojos. Ellos, llorosos, reconocieron a aquella vieja mano. Era de la hipnotizante estrella, por cuyo resplandor tropecé y casi caí, esa estrella que admire tanto una vez.

Estaba furiosa, brillaba mas fuerte que nunca, jamas había visto semejante luz en mi larga vida. Sentía que se me quemaba la vista. Tantos celos, tanta luz. No podía distinguir a la luz de la oscuridad... La luz me quemaba cada vez mas. Alcancé a ver su bello resplandor y de pronto explotó.



Esa estrella qu
e había amado. Que solía brillar con pasión. La había dado por muerta. Ni siquiera cruzó mi cabeza la idea de ir a por ella. De girar los ojos y echarle un breve vistazo a la bóveda estrellada. Me agobie, el estrés, los nervios y específicamente la vergüenza.

Estuvo ahí todo el tiempo, durante toda mi vida y yo no la había visto.

Ahora por mi culpa ella me dej
ó. Había muerto.
El resplandor de la otra pequeña estrella no le llegaba ni a los tobillos. Era ridícula la comparación.
Tan insignificante ahora. Jamas podría mirarla de la misma forma, aquella estrella por cuya seducción había perdido al único y verdadero amor de mi vida. Aunque no la culpo, la culpa es enteramente mía.

Ahora, en esta vacía situación, mi mente sin ideas ni un fin por el cual seguir pensando, mi estomago despoblado de mariposas que anteriormente di por dadas, mis ojos sin aquella luz.
Toda mi vida insignificante.
Todo mi cuerpo muerto.


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Aquella Lagrima


Aquella lágrima significaba que lo había admitido
Aquella lágrima significaba un error cometido

Aquella lágrima era mi alma, perdida
Aquella lágrima mi corazón exigía

Aquella lágrima todo decía
Aquella lágrima mentir no podía

Aquella lágrima debe desaparecer
Aquella lágrima al problema no va a resolver

Aquella lágrima, con tanto significado
Aquella lágrima debería hacerse a un lado

Aquella lágrima me dice que nunca es tarde
Aquella lágrima me confiesa que jamas dejare de amarte